HIPERMETAFÍSICA

por el criptopropagador albino

fra. Erasmo de la Cruz

 

(La ‘Patafísica) ...se habría perdido irremediablemente
en los rumores de un patio de recreo... si uno
de esos estudiantes, Alfred Jarrys, no la hubiera
conservado otorgándole un estatuto definitivo...

Orígenes Jarrycos de la ‘Patafísica

Entre las cosas incomprensibles del Surrealismo a nuestro tiempo, están la naturalidad, el humor y la simplificación aparente; por eso, el término 'Patafísica descreería de la seguridad con que un grupo de surrealistas proclamó su seriedad, con una leve sonrisa irónica, claro: "...somos plena, total y sobreabundantemente serios y dignos de ser tomados auténticamente en serio. Para completar, digamos que sólo nosotros tenemos la obligación de serlo"; añádase que ese grupo es el de los 'patafísicos, incluyendo el apóstrofe inicial, aunque con prudente comprensión se les llamara hiper-metafísicos. Este término, por demás, no sería una seria imposición sino el sentido mismo del fenómeno teórico de la 'Patafísica; que consiste en una superación de las restricciones racionales, más bien morales, de la metafísica; siempre en busca de comprender la necesidad, sin aceptar la más simple gratuidad.

De cierto, como teoría o estética de la Vanguardia, el movimiento surrealista es inconsecuente por principio; ya que abogando por una subjetividad total del arte, como la anarquía política, sería imposible de organizar en un esquema lógico; y de ahí la importancia de esta llamada superciencia, que independiente de su pintoresquismo ocasional, se centra en la comprensión de las excepciones. Al respecto, puede decirse que la 'Patafísica sería la única estética realmente objetiva en sentido estricto, aunque suene y resulte paradójico; pero ese es su mejor valor, puesto que la realidad es siempre paradójica, sobrepasando en su indeterminación intrínseca las restricciones éticas que siempre padece la lógica. De ahí que ésta sea la primera propuesta formal y rigurosa, real, de una estética, desde los intentos moralistas de Platón y Aristóteles; y la intuición con que se reconoce a Alfred Jarrys como precursor de Heidegger no tiene en cuenta su carácter absolutamente intuitivo y puramente artístico, pero no estaría descaminada.

La reducción de la 'Patafísica a una logia de adoradores, como una religión virtual, es un suceso menor y posterior, es el inevitable epigonato; lo cierto es que su definición como regla de la excepcionalidad la sobrepone a la parafernalia litúrgica con que algunos cándidos la mantienen por sobre la estulticia y la banalidad del Postmodernismo: "...ciencia que se añade a la metafísica, bien sea en sí misma, bien sea fuera de sí misma, y se extiende más allá de ésta, tan lejos como ésta se encuentra de la física... es la ciencia de las soluciones imaginarias que atribuye simbólicamente a los lineamientos las propiedades de los objetos descritos por su virtualidad" (Gestes et Opinions du Doctor Faustroll, 'pataphisien, Libro II). Sobre esa definición es que se desarrollaría la ciencia 'Patafísica, y siendo su reducto más filosófico sería al que debe referirse cualquier exégesis; pero ya es suficiente como principio, y en todo caso, el resto es, ya se dijo, epigonato y parafernalia.

El énfasis de ese extracto en las excepciones es ya prometedor y más filosófico que las serias metafísicas que se imparten tradicionalmente; sobre todo porque se centra en la falla que inutiliza al Idealismo y a todos los racionalismos desde Descartes, con su interés en la regla desdeñosa de la excepción. Debe destacarse en este sentido que, en principio, el Idealismo podría completarse con el Realismo, su opuesto natural; entre ambos, por ejemplo, lograrían iluminar la oscura tensión en que ocurre la realidad como orden, puesto que ambos son abstracciones suyas —ocurren a través del ente real que es el hombre, a su vez como ente siempre concreto y excepcional—. Pero a lo largo de la Historia de las Ideas, y dada la naturaleza propia de la filosofía, el Idealismo y el Realismo no pueden convivir y complementarse sino destruirse mutuamente, por vía de la contradicción directa; es incluso una regla de la lógica elemental, sólo los contrarios logran complementarse, jamas los contradictorios, porque se dirigen a objetos distintos y últimos; es la Dialéctica Histórica, más fatal y atendible que la inmoralidad eventual de determinado régimen político. Ahí, la facultad del arte, es que dando el esquinazo estético puede sobreponerse a aquellas restricciones éticas de la filosofía; pero eso debe ser utópico, pues aún no ha ocurrido el verdadero artista puro, no sacerdote sino monje y ascético, amoral como los superhombres de Nietzsche y Shopenhauer; al menos, no más allá de los intentos de los primeros románticos franceses y algunos surrealistas, pues el resto sólo ha querido epatar en algo o no ha tenido intereses propiamente filosóficos. Ese sería el valor de Alfred Jarrys, pero justamente un fracasado, como escritor que jamás conoció el éxito, ambición que iguala a los artistas al común de las gentes; y en ese sentido, la 'Patafísica lo que hace es confirmar la exacta correspondencia tomista de dos vicios por cada virtud, postulación negativa del camino medio del Budismo.

Respecto a la virtualidad, por ejemplo, lo menos importante es que se cumpliera de hecho con la realidad cibernética; más llamativa que eso, tendría que ver con una noción coherente del nivel de realidad de los fenómenos y la diferente consistencia de la realidad en cuanto humana y/o en cuanto tal. Es, pues, una comprensión onto-antropológica de la cualidad especial de los fenómenos humanos como variable propia de lo real; cuya consistencia no es propia sino comunicada por el hombre, que la genera, y que como problema provocó la conflagración medieval entre nominalistas y realistas, aún no solucionada. Es, pues, también, una propuesta concreta de Epistemología, y de ahí su postulación como antecedente de Heidegger; que por esa vía llega a tener las dimensiones de una cosmología completa y suficiente. Es curioso ahí que surgiera en los ratos lúdicos de irresponsabilidad de unos estudiantes; es como que el universo se relaja y retira sus velos ante la inocencia, la ingenuidad y la pureza; cosa que conocemos desde antes de Cristo, y quizás sea por eso que se afirma que la 'Patafísica siempre existió.

Como explicación, valga comprender que la imposibilidad racional, que afecta tanto a la física como a la metafísica, es esa excepcionalidad de los fenómenos reales; que sólo reluce en la matemática, pero a su vez, sólo en sus ecuaciones de segundo y tercer grado; pero porque se fijan tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo, aspecto éste que desconoce la lógica, aún en su pretensión de exactitud matemática. Recuérdese, en fin, que el problema de los valores cuantitativos —y de ahí la pertinencia de las exhortaciones morales— es precisamente su incapacidad para medir las propiedades facultativas de los fenómenos; hecho ya visible en la matemática de primer grado, que no puede ser exacta cuando intervienen variables constantes como Pi o Fi; justamente los factores que miden objetos aún puros pero irregulares en su determinación, como la proporción formal y las correspondencias (Fi) o la expansión figurada del círculo (Pi). El gran handicap de la lógica, cuando pretende la claridad matemática, es que se reduce al aspecto cuantitativo de las ecuaciones de primer grado; cuyas cuatro operaciones, las básicas por demás, son habitualmente sorprendidas por la excepción, ya reglamentada en las otras de segundo y tercer grado; es decir, el teorema de que "toda regla se cumple excepto ante una operación exponencial o logarítmica". Justamente la cualidad exponencial, que es la propiedad básica de los fenómenos en cuanto reales; que es por lo que son siempre excepcionales y únicos, comprensibles, pero sólo a posteriori, apelando al verso apostólico —¡oh, blasfemia!— de "¿Quién comprende la mente del Señor, quién fue su consejero?".

De la misma Alemania del mencionado Heidegger, Herman Hesse figuró el universo lúdico de Castalia, en que el conocimiento era un puro abalorio; y lo destruyó incrédulo, pero él no era un surrealista sino un moralista, encandilado con esas fantasías del socialismo; que heredamos del Cristianismo moderno y la Protesta, justamente también germánica, y que consisten en una atribución al arte de las prerrogativas que antes fueron de la religión; y sin tener en cuenta que si la religión perdió su efectividad justo por reducirse a los convencionalismos racionales de la necesidad aparente, lo mismo ocurriría al arte en esos derroteros. Ese, entonces, sería el valor mejor del Surrealismo, no sus cuestionables planteamientos formales; que salvo excepciones plásticas, en literatura se diluiría en el egocentrismo gigantomático de los escritores. Es decir, el Surrealismo, por vía de su más fracasado exponente, que por eso adquiere valor crístico, libera el pensamiento en su capacidad de comprender a la realidad; no de postular una solución, que siempre la reduciría haciéndose a sí misma ineficaz, pero sí de comprenderla en esa calma fáustica en que consisten las tiernas pastoriles.

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