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Entre los múltiples festejos que recibirá el mexicano genial, Carlos Fuentes, la FIL-Guadalajara le dedica este año un panel de lujo; en el que se reunirá la gloria que creció con su tiempo para compartir anécdotas comunes, que sin embargo están destinadas a formar parte de la posteridad. No está claro cuán importante es eso, pero nosotros nos gastamos un genio igual, Don José Lorenzo Fuentes; y es bueno establecer distancias, reconocer lo reconocible, destacar lo destacable; porque no sólo es justo sino que además es respetando que se genera el respeto más que reclamándolo. Este año, también como en el caso de Carlos Fuentes, José Lorenzo cumple su ochenta aniversario; a la vez que se cumplen cuarenta años de su libro capital, Después de la Gaviota, igual que los cincuenta del del mexicano; y como aquel, el libro de Lorenzo es reeditado conmemorativamente.
       

De Después de la gaviota se ha dicho mucho, se ha puesto el énfasis en el placer de su lectura; nada más justo que eso, pero también más insuficiente, porque no es sólo la magnificencia de su literatura, sino el otro poder que despliega. Lo importante de ese libro, está dicho, es la inflexión que hace con su estilo en la narrativa cubana; en que rehuyendo toda forma de realismo, logra la cualidad que sólo lograron los surrealistas; esto es, alcanzar a las determinaciones trascendentes de eso real, accediendo al nivel donde el absurdo muestra la noble sublimidad de la existencia. De hecho, no es ajeno el surrealismo a este autor tremendo; aunque es más evidente en otros relatos, como La sombrilla de guinga; explicando las extrañas aleaciones de su estilo, entre lo metafísico y el más afectado dramatismo. Sin embargo, nada más lejos que la definición clara, Don José Lorenzo también incursiona alguna vez en ese maremágnum que fuera el Realismo Mágico; donde alcanzando cotas dignísimas, se retrae de nuevo al más puro trascendentalismo, en el que el misterio muestra su soberanía sobre la realidad. Esta importancia capital de la obra de Lorenzo ha sido disminuida por la adversidad política, el monstruo que asecha a los artistas desde el triunfo de la Ilustración en la Postmodernidad. En Cuba sufrió el destino de los hijos de Saturno, el exilio lo vive en Miami, la provincia de ultramar del régimen irreconciliable; son pues las costumbres políticas las que atentan contra su excelencia narrativa, en todas partes la imposibilidad.

Además de todo eso, Don José Lorenzo Fuentes es un magnífico hombre y un mejor amigo; lo que es secundario respecto a su obra, porque la vida de cada quién es problema exclusivo de cada uno. Importa lo que va a dejar, además de los recuerdos inevitables, lo que lo define como escritor; es eso lo que exige el respeto y la veneración, porque el resto no es literatura pero es tan sólo un plus. Este homenaje, lejos de toda pretensión, trata no obstante de resarcirnos un poco; no a él, que tiene la felicidad de escribir como escribe, sino a nosotros, por no saber reconocerlo a tiempo.

Después de la Gaviota

Por Ignacio T. Granados Herrera

       

A la escritura de José Lorenzo Fuentes, la arrogancia de algún funcionario la tildó de garciamarquiana; sólo porque en sus historias pasaban cosas raras, que más aludían a cuestionamientos metafísicos que a folclóricas excentricidades. De hecho, este libro podría enmarcarse más dentro de las preocupaciones ontológicas de Lezama Lima; pero sólo si hubiera que hacer alguna referencia, y eso no es necesario en absoluto. De hecho, la literatura de Fuentes, y este libro en particular, era más la consolidación de otro tipo de literatura; entre los extrañamientos metafísicos de Julio Cortazar y una parquedad existencial casi inédita entre escritores cubanos, Lorenzo apuntaba al surgimiento de otro estilo; que, por otra parte, quizás hubiera salvado a la literatura regional de la banalidad a que la han impulsado sus diversos realismos, incluido ese Mágico-Maravilloso de Carpentier y García Márquez.

La tensión marcada a lo largo de estos cuentos habla de un conflicto dramático de corte universal, sin anecdotismos de ningún tipo; y su prosa, con esa llaneza y claridad tan intentadas desde que los cultismos de los especialistas trataron de rebajar la literatura a funciones sociológicas, tiene sin embargo el valor tremendo de sólo no interponerse a la intensidad de la narración; es decir, no de ser una escritura funcional sino un fraseo modesto, que no requiere las florituras, pero que tampoco necesita combatirlas. Se trata de eso, una colección de cuentos maravillosa, hecha por un escritor maravilloso; y en ese sentido, aunque un poco retorcidamente -pero nada hay menos retorcido que este escritor-, pudiera establecerse la parábola: Bueno, si la realidad inmediata es sólo aparente, y la verdadera es metafísica, entonces sí podría tratarse de un verdadero Realismo Mágico o Maravilloso, más aún que el propio de García Márquez. Sólo que no se trata de eso sino de la literatura pura y dura, de ella misma; y como en el cuento que da título al libro, esta sería la mejor encarnación literaria de Fuentes, la que lo muestra en su más tierna madurez, la de después de la gaviota.

          

      

5 preguntas a José Lorenzo Fuentes

Por Luis de la Paz

Aparecida originalmente en El diario de las Américas  (Dom. 26/10/08)

Nada menos que en los años sesenta, en pleno realismo socialista, mientras la juventud gritaba en París y los tanques rusos aplastaban la Primavera de Praga, aparece el libro Después de la gaviota. El relato principal, que es el que da título a la colección de narraciones, es todo un canto a la libertad. Desde entonces, es uno de los cuentos antológicos de las letras cubanas.

A su autor, José Lorenzo Fuentes (Santa Clara, 1928), le ha tocado vivir una época convulsa, de dictadura, revoluciones, tiranías y exilio. Como escritor ha publicado El lindero (1953), Maguaraya arriba (1963), El sol, ese enemigo (1963), El vendedor de días (1967), Después de la gaviota (1968), Viento de enero (1968), Mesa de tres patas (1980), La piedra de María Ramos (1986), Brígida quiso soñar (1987), Los ojos del papel (1990), Meditación (2001), La estación de la sorpresa (2001), El hombre verde y otros relatos (2005) y Después de la gaviota (2008), en edición conmemorativa por el cuarenta aniversario de su publicación.

Anticipándonos a su participación el próximo martes 11 de noviembre en la XXV Feria Internacional del Libro de Miami, que organiza el Miami Dade College, tuvimos una amena y rica conversación sobre su trayectoria y su literatura, que queda, apretadamente resumida, en estas 5 preguntas.

1.-Desde su aparición, Después de la gaviota se convierte en uno de los relatos más asombrosos de la literatura cubana. ¿A qué le atribuye usted ese éxito tan rotundo?

—No nos engañemos. Todo escritor piensa que a partir del momento en que consiga publicar lo que escribe el mundo comenzará a ser distinto. Sin esa cuota de vanidad, de ego desorbitado, nadie se sentaría frente a la máquina de escribir, o frente a su ordenador, para entregarse en cuerpo y alma no sólo a la más solitaria sino a la más desprotegida de todas las ocupaciones. Sin embargo, recuerdo que comencé a escribir Después de la gaviota sin el menor propósito de allegarme lectores o de procurarme el favor de las editoriales, sino animado sólo por el simple placer que me proporcionaba su escritura. Si alguien me hubiera preguntado entonces por qué ponía tanto entusiasmo en la elaboración de ese libro, no hubiera sabido qué responder. Ahora, al cabo de cuarenta años, creo saberlo: porque le iba a procurar a los lectores el mismo placer que experimenté cuando lo escribía. ¿Vanidad de autor? Tal vez. Pero es lo que me han dicho muchos de sus recientes lectores: que les proporciona gran placer su lectura.

2.-En varios de los cuentos de Después de la gaviota se puede entrever señales y referencias a la reencarnación y la meditación, algo en lo que profundiza posteriormente en su libro Meditación. ¿Qué lo llevó al yoga y las prácticas hinduistas?

—Tal vez, como a muchos otros, me condujo al estudio del misticismo y la parasicología, la reflexión acerca del inevitable ciclo de nacimiento y muerte formulado en las tres preguntas clásicas: ¿Quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos? Buscándole respuestas a esas preguntas me interné en el estudio de la cultura oriental y leí todos los libros que encontré sobre el tema, desde los textos de Patanjali hasta los de Krisnamurti. Pero además siempre estuve al tanto de las investigaciones realizadas en importantes universidades como Harvard y Stanford sobre los efectos que ejercían en la salud corporal la práctica de la meditación y otras técnicas de relajación. Tales investigaciones confirmaban que la meditación era efectiva para reducir la presión sanguínea, bajar los niveles de colesterol, fortalecer el sistema inmunológico y colaborar en la curación de numerosas enfermedades, entre ellas el cáncer. También confirmaban que la meditación no sólo era la técnica más eficaz para hacer frente al estrés y para aliviar las tensiones que son fuente de numerosas dolencias, sino para desatar el potencial humano, liberando las inagotables reservas de energía y creatividad que la persona necesita para responder al desafío que le impone el creciente desarrollo tecnológico de la sociedad. A partir de esas ideas empecé a practicar la meditación y muy pronto me di cuenta de los beneficios que esa práctica me aportaba. Decidí por tanto contribuir a que los demás también se beneficiaran de esa técnica. Escribí el libro Meditación, que fue publicado en español y en inglés en los Estados Unidos, y posteriormente ha sido editado en Rusia, República Checa, Portugal, Grecia y la India.

3.-Gente que le admira y le quiere ha estado publicando sus libros: Iduna sacó este año 2008 Después de la gaviota, otras editoriales publicaron La estación de la sorpresa, La piedra de María Ramos y El hombre verde. ¿Qué hay en su literatura que interesa a los lectores de distintas generaciones?

—Has mencionado uno de mis libros que más amo: El hombre verde, publicado por la editorial Renacimiento, de Sevilla, en su colección Espuela de Plata. Es un libro conformado por una novela breve y nueve cuentos que evocan momentos significativos de la vida cubana, desde la fundación de las primeras ciudades y las guerras de independencia hasta nuestros días. Para mí ha sido una agradable sorpresa el interés que mis libros, y de un modo especial Después de la gaviota, han despertado en los escritores cubanos de las nuevas generaciones que, por razones obvias, yo siempre pensé que no habían tenido acceso a mis libros. Un importante novelista y ensayista cubano de la más reciente promoción, Alberto Garrandés, ha señalado que Después de la gaviota es "una de las historias más extrañas de la literatura cubana contemporánea" y agregó que en ese libro se encuentran "las premisas de una escritura que no se parece a ninguna de las que predominaron, o ejercieron algún influjo, en el panorama del cuento y la novela cubanos a lo largo de aquella época". Por su parte, Amir Valle, un brillante novelista de las últimas generaciones, opina que Después de la gaviota "es uno de los libros de cuentos más filosóficamente reflexivos de nuestras letras" y que los cuentos que lo integran "pueden leerse en estos momentos del siglo XXI, es decir cuarenta años después de haber sido publicados, sin que hayan envejecido". Otro escritor joven, residente en Madrid, Jorge Félix Rodríguez, ha dicho: "Después de la gaviota, a veinte años de salir a la luz (creo que fue en 1968) seguía siendo un magisterio de escritura; casi cuarenta años después continúa siéndolo". Creo que esas opiniones de jóvenes escritores cubanos responde, mejor que yo, tu pregunta.

4.-Una pregunta doble. Usted es un hombre al que le ha tocado vivir muchas circunstancias diferentes y complejas, entre ellas el comunismo y también el exilio. ¿Cómo valora esos eventos y de qué manera han influido en su concepción de la vida y su literatura?

—Cuando vivía en Cuba todos me consideraban un hombre tranquilo. No obstante, mi vida ha estado sembrada de acontecimientos complejos y a veces contradictorios, propios de una persona de índole aventurera. Como la gran mayoría de los jóvenes de mi generación, aunque sin militar en ningún partido político, estuve guiado por las ideas revolucionarias, participé en la batalla de Santa Clara y durante casi dos años me desempeñé como periodista personal de Fidel Castro, pero también sufrí el presidio político y finalmente tuve que salir al exilio. Todo ese proceso lo he asumido como una experiencia literaria, como un abundante proveedor de temas y personajes. Así recién acabo de concluir una novela titulada Foto a la deriva en la que relato peripecias enmarcadas entre el asalto al Palacio Presidencial y los acontecimientos más cercanos en el tiempo.

5.-Tanto usted como Ricardo Bofill hablan poco, incluso pienso que prefieren no hacerlo, de la publicación en 1985 de una novela suya bajo el nombre de Bofill, la cual creó un escándalo de plagio. A más de veinte años del problema, tiempo que permite una valorización más desapasionada, me gustaría una reflexión sobre aquel evento.

—Ricardo Bofill y yo mantuvimos en Cuba una entrañable amistad de años (todavía recuerdo sus frecuentes visitas a mi casa y nuestros encuentros en el portal de la residencia habanera de Hilda Felipe y Arnaldo Escalona), algo que evitó que acudiéramos a descalificaciones personales durante el diferendo por la potestad de la novela, que provocó todo un escándalo internacional. Ahora, después de tantos años, no es necesario volver sobre el tema, sobre todo porque para mi satisfacción no existe la menor duda de que la autoría del libro me pertenece.