Rodolfo Pérez Valero: La fresca dignidad del escritor

Valero es toda una personalidad de la literatura policiaca, a nivel internacional; que alcanzó la fama con su primera novela del género, No es tiempo de ceremonias, devenida en un best-seller. Esa es una condición rara para una literatura popular en Cuba, aunque el país cuenta con una tradición de lectura muy establecida; pues, por ese retorcido elitismo de la cultura populista, los autores icónicos no son los más populares. Valga el ejemplo de algunos nombres, como José Lezama Lima, Alejo Carpentier, o incluso el poeta Gastón Baquero; que relucen en oros, frente a la modestia de nombres de acceso popular, como Onelio Jorge Cardoso, el también pintor Carlos Enríquez, o el inefable Samuel Feijoo. Valero siempre mantuvo una vara alta en la cultura popular, y no tardaría en llegar al gran hito que mezcla el policiaco y la ciencia ficción; cuando junto a Juan Carlos Reloba publica Confrontación, un libro único en la historia editorial cubana. También llevó el género hasta el segmento juvenil, con el título —también bestseller— El misterio de la cueva del pirata; es decir, es un escritor de bestsellers, de franco éxito popular en un género popular, que maneja con rigor de académico experto.

La contradicción que padece Valero es emblemática e importante, pues refleja una encrucijada propia de la coyuntura política; cuando, con la implosión del campo socialista, las prácticas del capitalismo tradicional sumergieron todo el valor estético de la cultura socialista. Sin embargo, como toda otra, esa estética es válida y legítima; exhibe productos notables, tanto en la ciencia ficción como en el género policiaco, incluso si apegado al estoicismo ético que caracteriza al llamado Socialismo Real. Es en ese sentido que vale la pena una justificación de Valero, el escritor, que se extiende a toda una producción estética; incluso si se da como un subgénero, más legítimo y valioso en todo caso que el garciamarquismo secular del mercado capitalista. En todo caso, Valero tiene en su haber haberse alzado cinco veces con el premio de la Semana Negra de Gijón; a donde llega con derecho de rey y dueño que se enseñorea, luego de trabajar tanto en la creación de la revista Enigma como de la Asociación Internacional de Escritores Policiacos; que presidió, además, en su capítulo latinoamericano.

Un escueto comunicado oficial anunciaba el premio "por su respeto a los valores y reglas del género" (Sic); una justificación curiosa, pero justa para un cuento curioso y escueto. En esta ficción de Valero, lo "negro" del género está en el ambiente, lo que explica la cierta perplejidad del jurado; teniendo que reconocer la agudeza de unas subtramas esbozadas apenas, como el sujeto omitido de la gramática española; y no porque se trate de una novela frustrada, que es en verdad un cuento, y corto por demás en su trama algo atropellante, que no apresurada.

Con un planteamiento fragmentado, que se introduce sin aviso en el desenlace, el nudo es apenas un elemento sutil; ¡pero qué mundos los que se oponen en ese planteamiento y ese desenlace!, y qué limpieza en el dibujo cinematográfico de su conclusión. No será por gusto que Valero sea un hombre de teatro, y que entre sus experiencias esté el guión televisivo; también una formación vasta, que comienza en las escuelas pías y tiene su primer hito con una licenciatura en Literatura Latinoamericana por la Universidad de la Habana.

 

DIOSES Y ORISHAS

Por Rodolfo Pérez Valero

 

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Ignacio T. Granados Herrera

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