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El Hasta cierto punto de Sara gómez, una performance existencial ©: Ignacio T. Granados Herrera(1) La importancia de Sara Gómez para la cultura cubana, habría que verla en la perspectiva de su contexto histórico y político; pero sin dudas lo trasciende, y por ello habría devenido en una especie de omnipresencia para el mundo intelectual de los negros cubanos. Ese contexto fue el proceso de conmoción política de la revolución cubana, que reestructuró todas sus instancias culturales y sus referencias; en un proceso que, más allá de lo ideológico e incluso de lo político, provocó un mayor activismo del sector poblacional formado por los negros. En ese contexto, entonces, las perspectivas de una mejor integración socio cultural dieron a luz un proyecto como el Seminario de Etnología y Folklor del Teatro Nacional de Cuba; también a la creación del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos de Cuba (ICAIC), que renovó y transformó la naciente industria del cine nacional.
La misma política de promoción del ICAIC, basada en una especie de meritocracia relativamente efectiva y burocrática, facilitaría su evolución estética; e integrada a la institución como personal de apoyo, su eficiencia personal le permitió llegar a asistente de dirección, y de ahí a la dirección de documentales. El magisterio de Tomás Gutiérrez Alea sería capital en este sentido, al aportarle su propia experiencia con el Neo-Realismo italiano y la Nueva Ola francesa; justo cuando la circunstancia no podía ser más propicia, por la cantidad de causas —desde la eficiente a la final— que aportaba. La singularidad de género y raza de Gómez, esa Materia, sólo requería esa circunstancia, una Forma; de ahí esa misma extrema singularidad de sus documentales, que estimulados en el discurso político podían explorar una nueva reflexión estética. De cierta manera, su filme, fue entonces el súmun de esa trayectoria suya, como un ordenamiento final; de hecho, el filme fijó cánones, como fórmulas dramáticas que se repetirían en el cine de ficción cubano; como el mismo final de esa película, repetido casi hasta el nivel de plagio por otro director(2); o la poca casualidad, la tremenda confluencia, de que uno de los mejores filmes de su mentor, Alea, se llamara precisamente Hasta cierto punto, señalando la inestabilidad existencial como índice de eficiencia de ese realismo. El cine de Gómez, en todo caso, llega a la experimentación, forzando los límites del maestro Alea; y en De cierta manera, no sólo se pretende documentar la realidad, sino que de hecho se integra el género documental como referente para la ficción dramática. Más aún, a esa superposición de géneros, la Gómez impone la otra reflexión etnológica como un problema evidente; y al aire de debate, que consigue en todo el filme sin distorsionar su dramaturgia, añade el elemento novísimo entonces de la contradicción racial. Sólo por ella, como por Eugenio Hernández en su teatro arqueológico, lo negro se hace un elemento beligerante; puede que no en forma de contesta política sino más agudo aún, en su propia naturaleza prioritaria, al margen, sin llegar a alienación, del proyecto social. En ese filme, todas las propuestas del proceso político, en lo referente a raza, género y cultura, quedan expuestas con su interrogante; y como prueba de objetividad, lo documental da fe del trabajo que se está haciendo en ese sentido. Si alguna vez ese proyecto político precisara de alguna legitimación teórica, como al final le ocurre a todos los proyectos políticos, este filme de la Gómez sería su Auto da fe; y es además fastuoso, es la concreción de todas las pretensiones del estilo, esa integralidad de la forma final con la consistencia del discurso; pero justo gracias a la movilidad, por la que la forma no tiene que subordinarse al discurso ni a la inversa; como en definitiva sí ocurrió con cualquier otra obra dentro del más amplio Realismo Socialista, que es legítimo como cualquier postulación formal. Sara Gómez, en fin, fue el extremo, el Plus Ultra que ignoró la arrogancia y la prepotencia de su Nom correspondiente; porque singular ella misma, y toda consecuencia, su producto final fue el resultado práctico que buscaron todos los teóricos del mundo; una performance perfecta, que además fue y es todavía existencial. Miami 2007
(1) Para este artículo se trabajó con datos tomados de la presentación escrita por Inés María Martiatu para una retrospectiva de Sara Gómez. (2) Se refiere al final del filme Retrato de Teresa, dirigida por Pastor Vega, en que la cámara, en Dolly Back, recoge a la pareja, que discute mientras se pierde en la multitud de un lugar concurrido, una plaza. El detalle es claramente de tipo neo-realista, y es Sara Gómez quien lo concibe; su repetición puntual, marca un canon dramático más que una confluencia, como un fórmula fija, por ello mismo excelente y eficaz. |