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En 1995, en el convento de Santo Domingo de Río Lajas, Puerto Rico, nace Ediciones Itinerantes Paradiso. Primero fue una especie de juego inocente, para paliar las contradicciones de una experiencia tan fuerte como la de la vida conventual hacia finales del siglo XX. Pero después, en 1997, y en estos Estados Unidos tan especiales de Miami, ya no fue la necesidad de paliar nada, sino toda una experiencia en sí misma; que entre otras cosas, suministraba la flexibilidad operativa de un proyecto artístico y de pequeño formato. Fue Eliseo Diego, quien, en su Libro de las maravillas de Boloña, dijo más o menos que habiéndolo buscado por todas partes y no hallándolo, decidió entonces hacerlo él mismo; pensando que habría razones más serias para hacer un libro, pero ninguna más importante. Esa movilidad del carisma itinerante de los frailes medievales y el pequeño formato, eran pues el recurso necesario para enfrentar las dificultades de una actividad editorial asequible; cuyo único requisito era la modestia, pero cuyo objetivo era la dignidad de la poesía, y cuya divisa era la persistencia.
La facilidad y felicidad de Ediciones Itinerantes Paradiso, es entonces que puede desenvolverse en la semi marginalidad y evadir las presiones propias del mercado, Némesis de la literatura; con libros dignos y hermosos, que en tiradas pequeñas, semi artesanales, permite una penetración constante y gradual de esa realidad temible del mercado; porque cuando alguien alude a la facultad del dinero como convención, ignora que funciona porque es también un agente de mediocridad y vulgaridad; que puede determinar la inclusión de cualquier fenómeno o persona en la categoría de aceptable, pero justo porque elimina todos los parámetros distintos a él mismo; no sólo la prepotencia inevitable a toda élite y aristocracia tradicional, sino también la inteligencia y la profundidad como atributos necesarios para el conocimiento; relegándolo todo a la superficialidad en que las cosas tratan de ser lo que parecen, aunque no lo sean ni a los palos.
Primero, por ejemplo, se salva el problema real de la saturación que hoy afecta al mercado local del libro; segregando un público específico y propio, para enfocarse en la producción de un fenómeno puramente estético; con libros casi raros, artefactos diría algún descendiente de los surrealistas. Además, con ese sentido artesanal, permite que el autor se comprometa directamente con el proceso de producción; llevando la literatura casi a los niveles de la pintura y la escultura, por el control del autor sobre el producto final como un todo. Esa marginalidad habría sido la característica por la que, en principio, el invento de Gütenberg había significado una liberación respecto a los medios de entonces; en el sentido de que excediendo los marcos convencionales de la cultura, la obliga a abrirse a la renovación.
Ultimo, pero no menos importante, está la accesibilidad de la tecnología, que logra abaratar un poco el producto; quizás no tanto por la relación final de costo-unidad, pero sí por ese pequeño formato al que se aludía, y que se refiere a tiradas pequeñas y controladas, que pueden adaptar la edición a la salida real del producto. Todo eso es importante, porque permite la concentración en la búsqueda estética; eso no puede hacerlo una empresa mediana y establecida, y mucho menos una grande; ya que por el tipo de mecanismo que usan, están obligadas tanto a ediciones de tamaño regular como a someterse por completo a los conceptos de demanda, en contra de su poder de innovación y atrevimiento; es decir, como un nuevo canon de mediocridad, que no puede incidir realmente en la cultura con la provocación de un fenómeno auténtico y trascendente. Pero por esa accesibilidad económica y operativa, también podemos ofrecer los servicios editoriales en colecciones separadas a autores que quizás no sean estéticamente prioritarios al proyecto, pero que también tienen su espacio bajo el sol.
Antecedentes de ese corte se han dado ya en Miami, como la colección Strumento; y ahí es donde resalta la peculiaridad de que el proyecto ocurra en estos Estados Unidos tan especiales de Miami. Eso se refiere a que, inmerso en el modelo especial de la economía y el sentido popular de la cultura norteamericana, con sus mecanismos se puede evadir el rígido elitismo de nuestra cultura latina; de la que sin embargo se puede retener la creatividad y la complejidad intelectual, que puede insertarse en esa relativa movilidad de las estructuras sociales norteamericanas. En ese sentido, Ediciones Itinerantes Paradiso, entre otras cosas, retoma la iniciativa de rescatar ciertos clásicos muy raros, que puedan comunicar a la experiencia contemporánea la frescura de sus hallazgos; pero directamente, sin la convencionalidad un poco espuria y reduccionista de las academias. La política de publicación de clásicos, junto a ciertos autores contemporáneos, debe o busca provocar un fluido estético; que rehuyendo el hierático elitismo a que se han reducido las academias, se sobreponga a las contradicciones culturales contemporáneas, signadas por el mercado y el academicismo.